Los mitos de marketing deben ser desmentidos cuanto antes
Imagen: los mitos de marketing deben ser desmentidos cuanto antes (Fuente: Tagan Training)

Los mitos de marketing son reales y perjudican a la profesión. Aquí te mostramos tres de ellos y cómo debes actuar para erradicarlos.

Si trabajas en marketing, habrás tenido que convivir más de una vez con la “mala fama” de la profesión. Sea en el ámbito físico o digital, siempre existen voces escépticas que dicen no ver el valor real en nuestra labor. Esas mismas personas son las que reducen nuestras competencias a la mínima expresión y se quedan con eso para definirnos. El error es evidente, porque ser marketer es mucho más complejo que solo vender.

Si algún día te cruzas con una persona que piense de esta manera, no cedas a las provocaciones. Por el contrario, demuéstrale con palabras y hechos todo lo que contempla nuestra fantástica labor. Si no tienes idea por dónde empezar, continúa leyendo. A continuación, compartiremos contigo los tres mitos de marketing más difundidos que debemos comenzar a erradicar por el bien de la profesión. 

1. “El marketing nos vende cosas que no necesitamos”

Este mito es tan cierto como falso. En sus comienzos era esperable que el marketing, con todo lo que abarca, se enfocara en metas sencillas. Vender es la meta número uno dentro de un sistema macroeconómico cuyo fin fundamental es la comercialización de bienes y servicios. Sin embargo, creer que la profesión es solo eso, es quedarse con lo básico.

Por un lado, el marketing se enfoca en vender, eso es seguro. Son incontables los casos donde la venta pura y dura es lo único que importa. Hasta hoy existen miles que lo aplican, pero eso no significa que sea igual en todos los casos. Del mismo modo, a veces nos venden productos que no son fundamentales para la vida; pero por nuestro simple deseo de tenerlo y el poder adquisitivo, los terminamos comprando.

Por otro lado, también es el primero en detectar una necesidad y saber aprovecharla. En esos casos, puede ser para un fin meramente comercial o para realmente satisfacer a las personas con un producto o servicio que les facilitará la vida. La ventaja de pensar en satisfacer una necesidad real, de hecho, es el camino que la profesión encontró para generar verdadero valor en su propuesta. 

Como toda herramienta, sus usos pueden ser positivos o negativos. Todo depende de cómo la utilicemos las personas involucradas. Si tu meta es concretar una venta, no tiene nada de malo. Son las reglas del juego a las que todos estamos sujetos por vivir en sociedad. Si tu meta ya es más amplia y quieres generar valor y comunidades fieles, otro es el cantar.

Puede que el marketing venda, pero qué se vende y cómo se vende también hace la diferencia.

“El marketing hace parecer que todo producto es perfecto”

Aquí ya hablamos de un tema más delicado, como lo es la supuesta “sugestión” que genera el marketing. A decir verdad este mito es difícil de enfrentar, porque la sugestión siempre entra en juego en todos los ámbitos. No obstante, creo entender a quienes afirman sentirse engañados por ofertas falsas o imprecisas.

A todos nos ha sucedido que compremos algo que parecía increíble en el catálogo y el resultado no le haya hecho justicia. Al estar sujetos a tantos estímulos diferentes todo el tiempo, es esperable que nos dejemos deslumbrar por algo que nos seduce. Es un comportamiento perfectamente humano, el cual vemos reflejado en hobbys, parejas, vínculos, entre otros.

El error no es propio del marketing, sino de las reglas del juego a las cuales estamos sujetos. Una estrategia comercial básica de la profesión hace referencia a “maximizar todo lo posible los beneficios y reducir al mínimo las falencias”. Esa decisión sería cuestionable si no tuviéramos en cuenta que la atención del usuario promedio es sumamente limitada.

Somos los primeros en tener claro que debemos generar el mayor impacto en el menor tiempo posible. Disponiendo de tan solo unos pocos segundos para convencer a usuarios desconocidos de consumirnos, no podemos pretender extendernos demasiado. Si la persona vio un anuncio y le convenció, seguramente se comunicará con nosotros para saber más. En adelante, podremos tener pláticas más profundas y honestas, donde se hable a fondo sobre el producto o servicio.

No todo es perfecto; de hecho, nada lo es. Las marcas no suelen hacer hincapié en sus debilidades, porque resulta contraproducente. Sin embargo, estarán dispuestas a blanquear sus limitaciones cuando alguien esté interesado. A fin de cuentas, un cliente bien informado es un cliente que puede confiar más en nosotros.

“El marketing solo quiere generar dinero y aprovecharse de otros”

Como verán, las premisas son bastante similares en general, aunque con leves diferencias. En este caso, la frase alude a la frivolidad de la profesión, asegurando que quienes la ejercemos solo queremos llenar nuestros bolsillos. Sería ridículo decir que esto no es así, porque, ¿acaso no todo el mundo trabaja con ese fin? El dinero hoy es necesario para que todos podamos tener una vida digna.

Obviando la verdad ineludible del dinero, puedo decir que no: el marketing no pretende aprovecharse de otros. A simple vista puede parecer que sí. En efecto, existen quienes ejercen la profesión con el fin de enriquecerse a costa de terceros. Sin embargo, existen otros profesionales que en realidad se interesan por mejorar la calidad de vida. Puede sonar cínico, pero es real: hoy los productos que más éxito tienen son aquellos que, de algún modo, simplifican nuestro día a día.

El marketing bien ejercido no pretende aprovecharse de otros para subsistir. Si bien ve en las personas un medio para lograr su fin, también busca brindar productos o servicios que simplifiquen la vida o agilicen procesos. Que las necesidades a atender no sean claves porque también parten de productos o servicios creados por otros previamente, ya es un tema totalmente distinto.

Como dije antes, esas son las reglas que acordamos por vivir en sociedad. Todo profesional tiene derecho a facturar por lo que produce y vende; del mismo modo, todo consumidor puede decir que no si lo desea. Nadie lo obliga a comprar. Es la propia persona la que, en teoría, decide que quiere invertir en aquello que está adquiriendo. Si lo compra sin pensar, ya no es culpa del anunciante, lo es de quien no se asesoró correctamente.

Algunas salvedades sobre la ética de la profesión

Como verán, atribuirle todas las desgracias del mundo al marketing parece ser una moda en la que muchos incurren. Por lo general, es más sencillo personificar la culpa en los involucrados que analizar las normas en las que todos estamos inmersos. En el mundo todo es mejorable y el marketing también es parte del mundo. Por ende, es imposible pedirle que sea una versión idealizada de sí mismo.

Hay muy buenas maneras de hacer marketing y también las hay muy malas. Todo depende con qué finalidad queramos utilizarlo. Como dice una frase bastante célebre: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. En este caso, no estamos diciendo que seamos superhéroes ni mucho menos. Simplemente digo que cuando ejerces una labor potencialmente peligrosa por su influencia global, lo hagas con la responsabilidad que corresponde.

Vivir en un mundo que gira en torno al dinero y al consumo es la coyuntura en la que estamos obligados a vivir. Así funcionan las cosas y puedes estar más o menos de acuerdo con ello. Si tienes claras esas premisas, también sabrás actuar como te gustaría que otros actúen contigo. Es decir que serás capaz de empatizar con el otro y demostrarle que el marketing no tiene por qué ser traicionero.

Cuando logras interpretar las necesidades que realmente importan, la diferencia entre ejercer bien o mal una profesión resulta evidente. Si prestas atención a los detalles, tendrás muy claro qué clase de trabajo estás produciendo. Llegado el caso, y si ves que estás transitando por el camino correcto, no habrá lugar para las dudas. Con tus actos, demostrarás que los fantasmas de la profesión están ahí para ser erradicados.

Y tú, ¿qué clase de marketing practicas?

Acerca del Autor

Federico Chans

Licenciado en Comunicación, Communications Assistant en Bunker DB, 28 años y especial gusto por la buena redacción, la escritura, la fotografía y el cine. Amante del fútbol, así como del mundo del social media y las tendencias digitales.

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