Facebook nombra una “junta de supervisión” para autorregularse

Los 20 miembros de la junta de supervición de Facebook
Imagen: La junta de supervisión de Facebook, conformada por profesionales diversos (Foto: Facebook)

El gigante tecnológico Facebook creó una junta de supervisión conformada por diversos profesionales ajenos a la empresa para regular contenidos polémicos.

Los últimos tiempos han sido especialmente turbulentos para Facebook y su CEO, Mark Zuckerberg. En 2016 la compañía tecnológica fue cómplice indirecta en uno de los mayores escándalos electorales en la historia de los EEUU. 

A partir de su supuesta inacción y falta de regulación, la red social facilitó la mayor filtración de datos privados de su historia hasta la fecha. En su momento, quien se benefició de esa brecha de seguridad fue la firma y consultora política británica Cambridge Analytica.

Tal beneficio le valió la recopilación de información de millones de usuarios estadounidenses. Con ellos, trazó estrategias de comunicación personalizadas, que influyeron en las decisiones electorales del público. El fin, vale aclarar, era desprestigiar a Hillary Clinton para que Donald Trump fuese electo presidente. Claramente la estrategia funcionó y la democracia recibió un duro golpe.

Una vez que el caso vio la luz, Cambridge Analytica quebró y Facebook pagó las consecuencias con creces. Entre ellas, destacan un exhaustivo interrogatorio a Zuckerberg por parte del Congreso estadounidense en 2018; una posterior multa por 5000 millones de dólares a la compañía en 2019; y una merma en la confianza pública hacia la plataforma, la cual hasta hoy arrastra reminiscencias.

La costumbre de la inacción 

Desde entonces, y por largo tiempo, Facebook ha sido blanco de un sinfín de críticas despiadadas. Los expertos de diferentes campos coinciden en que una multinacional con semejante influencia debería ser más eficiente en su proceder. A fin de cuentas, maneja información valiosa de millones de personas a nivel mundial. Por ende, debería tener protocolos de seguridad que garanticen el debido resguardo.

Pero la inacción es un problema que la compañía arrastra desde hace largo tiempo, por no decir desde sus comienzos. Su velocidad exponencial de crecimiento jamás estuvo acompasada con la moderación de los contenidos. Un tópico que hoy, sobre todo por la presión social recibida, se ha transformado en una urgencia.

Los mensajes de odio se han esparcido por la red como si de un virus se tratara. Esto incluye discursos antisemitas, homófobos, bélicos, abuso infantil y tantas otras aberraciones. Sin mencionar que las fake news y la desinformación en torno al brote de coronavirus también han hecho mella.

A su vez, Zuckerberg se ha escudado innumerables veces en el derecho a la libre expresión. Una postura que aplica para seguir promoviendo anuncios políticos en su plataforma, aunque no estén siquiera verificados como verdaderos. Todo lo contrario a la resolución tomada por Jack Dorsey, quien vetó todos los anuncios políticos en Twitter para no influir en las próximas elecciones.

El acto filantrópico de Dorsey supuso una tormenta aún más salvaje para Facebook. La decisión de no dar marcha atrás en ese aspecto fue catalogada como “mezquina” por la opinión pública. Los escépticos vieron en tal resolución un mero interés económico al que la multinacional no parecía estar dispuesta a renunciar.

Un cambio radical

La delicada situación que acarreaba la plataforma de social media suponía una crisis de largo aliento. Ante ello, era necesario reestructurar las dinámicas laborales para proponer nuevas políticas que se adecuaran a las exigencias actuales. Un plan que Facebook, con total perfil bajo, viene craneando al menos desde mediados del 2018.

Por aquel entonces, Mark Zuckerberg deslizó que la multinacional crearía una junta de supervisión. El fin de esta sería intervenir en la resolución de problemas complejos, lo que a su vez le quitaría presión al CEO.

Es sabido que Facebook posee una estructura bursátil con acciones de doble clase. El detalle no es menor, porque gracias a ello el fundador siempre contará con una parte mayoritaria de la compañía. Como resultado, el poder recae exclusivamente sobre él, permitiéndole tomar decisiones unilaterales sin que sus accionistas puedan replicar o despedirlo.

Sin embargo, el haber estado en el ojo del huracán tantas veces parece haber hecho recapacitar a Zuckerberg. “La medida será beneficiosa para que el público perciba mayor imparcialidad y transparencia en la toma de decisiones”, aseguró en su momento el CEO. Y es que la descentralización del poder para regular contenidos conflictivos o tratar temas sensibles debería haberse abordado mucho antes.

¿Cómo se gestionará la junta de supervisión?

La gran interrogante que surgió entonces fue si el organismo efectivamente tendría libertad de acción. Al estar sujeta a una autoridad máxima que la regule, sus integrantes podrían verse intimidados a la hora de tomar decisiones; sobre todo si ellas fuesen en contra de la voluntad del presidente de la compañía. Como resultado, se tendría una comunicación cerrada y vertical.

Para disipar dudas, Facebook informó que la junta de supervisión será un proyecto independiente. Una ventaja que asegurará su total libertad e imparcialidad a la hora de decidir. En esa línea, sus integrantes serán profesionales consumados de diferentes países, hablarán diversos idiomas y ejercerán variadas profesiones.

Comenzarán siendo 20 miembros, que se dividen equitativamente entre hombres y mujeres. Al poco tiempo, y si todo funciona acorde al plan, el equipo duplicará sus integrantes. Vale aclarar que todos los profesionales elegidos desempeñarán un rol de 15 horas mensuales. Una dinámica que les facilitará seguir realizando sus actividades cotidianas sin ningún problema, pero les dificultará involucrarse completamente con esta exigente labor.

A comienzos de este año, la compañía centró sus esfuerzos en elegir a los cuatro copresidentes. Tras ello, ambas partes han estado trabajando en conjunto para seleccionar a los otros 16 integrantes. En un futuro cercano, la totalidad de esa junta y Facebook elegirán 20 integrantes más. Estabilizado el protocolo, la compañía se desentenderá, dando al grupo una total libertad para autogestionarse.

En total, según lo estipulado a fines del 2019, el personal contará con un fideicomiso de 130 millones de dólares. Ese monto será distribuido entre los 40 miembros definitivos como pago por los servicios dispensados durante un plazo de seis años. Si bien no serán empleados de la empresa per se, sí se los recompensará por el rol que desempeñarán.

Conociendo a los miembros 

Si algo caracterizará a la junta de supervisión, es que tendrá diversidad en su conformación. La idea al crearla era integrar una variedad de factores como la geografía, idioma, experiencia, género, orientación política, entre otras, de sus distintos miembros. En total, incluirá personas pertenecientes a 27 países diferentes, que colectivamente hablan 29 idiomas.

Para elegir a los integrantes, Facebook dividió el planeta en siete regiones. Así, eligió cuatro miembros de Europa; dos de África subsahariana, dos de Medio Oriente y África del Norte, dos de América Latina, dos de Asia central y sur; tres de Asia Pacífico y cinco de los Estados Unidos.

Cada uno de ellos cuenta con amplia experiencia en diferentes campos que resultan clave para las tareas que realizarán. Algunas de ellas son: libre expresión, derechos digitales, moderación de contenidos, derechos de autor, seguridad web, censura y transparencia en internet, libertad religiosa y más.

Como explicamos antes, la junta de supervisión comenzó con cuatro copresidentes que trabajan con Facebook para elegir a los demás integrantes. Siguiendo la tendencia, los cuatro son figuras públicas y expertos en sus respectivos campos.

A continuación, los enumeamos:

Jamal Greene

Profesor de Derecho en la Universidad de Columbia que se especializa en derecho constitucional.

Helle Thorning-Schmidt

Primer Ministra de Dinamarca entre 2011 y 2015, además de CEO de la ONG Save the Children

Catalina Botero-Marino

Abogada colombiana además de profesora de Derecho en la Universidad de Los Andes. Se especializa en los campos de los derechos humanos y la libre expresión. Formó parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

Michael McConnell

Ex juez federal, ahora profesor en la Universidad de Stanford. También es miembro en William Sonsini, una firma de abogados que representa a varias empresas de tecnología de Silicon Valley.

Como lo demuestran sus perfiles, los copresidentes elegidos por Facebook son, en su mayoría, profesionales del Derecho. Ello denota el interés de la plataforma por regular sus contenidos desde el punto de vista legal. Lo que, a su vez, priorizará el respeto por derechos humanos básicos como la libertad de expresión, de prensa, entre otros.

En consecuencia, resulta lógico que algunos de los nuevos miembros confirmados sean personas que velan a diario por esos derechos mediante las actividades que desempeñan. Es el caso de Alan Rusbridger, ex-editor del periódico inglés The Guardian, quien supervisó la publicación de las filtraciones de Edward Snowden en 2013. Un acto que le valió el Premio Pulitzer en 2014.

Otro nombre que destaca es el de la periodista, política y activista yemení Tawakkol Karman. Una mujer musulmana y acérrima defensora de los DD.HH. durante la Primavera Árabe; un levantamiento social en clamor de la democracia y los derechos sociales de Yemen del que ella fue rostro internacional. Su liderazgo en aquellas manifestaciones le valdrían la obtención del Premio Nobel de la Paz en 2011.

“Buscamos personas que tuvieran amplia experiencia en su campo y fueran libres de pensamiento”, sostuvo Greene. En esa línea, Botero-Marino planteó que los copresidentes acordaron buscar personas “con carácter”: “Queremos miembros que sepan lo que quieren y no pretendan complacer ni a Facebook ni a nadie. Que solo rindan cuentas a los principios en los que creen”. 

Los restantes miembros son:

Katherine Chen: profesora en la Universidad de Chengchi.

Julie Owono: Directora Ejecutiva en Internet Sans Frontieres.

Afia Asantewaa Asare-Kyei: admin. de programas en Open Society Initiative.

Ronaldo Lemos: profesor de Derecho en la Universidad de Río de Janeiro.

Nicolas Suzor: profesor de Derecho en la Universidad Tecnológica de Queensland.

Nighat Dad: fundadora de la Digital Rights Foundation.

John Samples: Vicepresidente del Instituto Cato.

Pamela Karlan: profesora de Derecho en la Universidad de Stanford.

Sudhir Krishnaswamy: profesor de Derecho en Universidad de la India. 

Evelyn Aswad: profesora de Derecho en la Universidad de Oklahoma.

Emi Palmor: profesora del Centro Interdisciplinario Herzliya, Israel. 

Endy Bayuni: Editor senior en The Jakarta Post.

Maina Kiai: Director de alianzas globales en Human Rights Watch.

András Sajó: Decano de Estudios Legislativos en Universidad Centroeuropea. 

Un desafío mayúsculo

Nadie duda que la junta de supervisión tendrá una tarea titánica por delante. Moderar contenidos y tomar resoluciones con base en estos no suele ser fácil. Menos aún lo es cuando se está al frente de una de las compañías tecnológicas más prolíficas del mundo. La diversidad de escenarios, así como de cabezas intentando llegar a un acuerdo, complejiza la labor.

No obstante, la capacidad de los involucrados parece dar especial tranquilidad a Zuckerberg. El mandamás de Facebook sabe que la opinión pública y los expertos mantendrán su escepticismo, pero espera que eso cambie. Algo que solo será posible con el tiempo y la experiencia que se recabe en el proceso.

Los principales desafíos que enfrentarán serán los siguientes:

1. Descentralización del poder

Por lo pronto, una de las principales interrogantes es saber si el líder de la compañía será capaz de ceder. Que la empresa haya sido “Zuckercéntrica” por tanto tiempo, hace ver difícil que su estructura vaya a cambiar del día a la mañana. Sin embargo, parece haber predisposición para que la junta de supervisión pueda desenvolverse con total comodidad.

A la hora de conformar el organismo, la propia compañía aclaró las competencias que este tendrá. Al comienzo solo abordará casos individuales en que un usuario apele por un contenido que Facebook o Instagram hayan eliminado de sus plataformas. En un futuro cercano, quizá trate situaciones en que un contenido aún se mantenga publicado.

Se estima que por año tratarán entre 15 y 30 de esos casos en total; una ínfima parte de todos los que seguramente se presentarán. Para paliar esto, tratará con aquellos ejemplos lo suficientemente representativos como para sentar precedente a nivel mundial.

Con un espectro tan amplio por abordar, es factible que el equipo aumente sus responsabilidades con el tiempo. Algo que ha hecho pensar si serán capaces de generar un profundo cambio en las políticas de Facebook. Sin duda, tocar pilares tan sagrados para la estructura de la compañía no será sencillo.

La multinacional detalló que las decisiones que la junta de supervisión tome en torno a contenidos individuales siempre serán acatadas. Esa dinámica puede no mantenerse en caso que la plantilla proponga cambios en las políticas de la empresa. En tal caso, esta podrá negarse, aunque deberá explicar el porqué de su decisión.

Que Zuckerberg se libere de tomar decisiones sensibles será beneficioso para todos y es un gran primer paso. La reestructuración del sistema de valores de la compañía, no obstante, será un objetivo mucho más complejo de alcanzar.

2. Representación desproporcionada

Otro asunto que se debate es el sesgo político del grupo. Del total de los integrantes elegidos a nivel global, hay cinco miembros en representación de EEUU. Por un lado, el número lo convierte en el país con mayor representación. Por otro lado, se lo prioriza por sobre continentes enteros que solo poseen uno o dos representantes.

La respuesta oficial brindada por Facebook fue que la empresa es de origen estadounidense. Como resultado, un volumen considerable de los reclamos de usuarios se producen en territorio norteamericano. Por ende, y sabiendo que al comienzo el trabajo del equipo se concentrará en ese territorio, esa mayoría tendría justificación.

Como era de esperar, la respuesta no convenció a nadie. En especial porque los usuarios de la plataforma oriundos de Estados Unidos apenas representan un 10% del total. Esa diferencia podrá mitigarse en un futuro cercano, cuando los siguientes 20 miembros sean seleccionados, aseguró la multinacional.

Aún así, los reclamos continúan. En especial porque parece difícil garantizar una junta que vele por intereses globales cuando casi la mitad de sus miembros son estadounidenses o europeos. Lo cierto es que esto recién comienza y habrá que esperar para ver resultados.

3. Marcadas diferencias culturales 

Al moderar contenidos, todos comparten la política de eliminar las publicaciones malas. El tema pasa por entender qué se considera “malo”. Lo que puede pasar como ofensivo para una persona, puede resultar en humor sarcástico para otra.

Todo se reduce a creer en valores éticos y morales creados por el ser humano. ¿Pero qué sucede cuando algunos de estos no resultan ser tan universales como pensábamos? Sobre todo si hablamos de la red social más extensa a nivel mundial con más de 2400 millones de usuarios. 

Esa será, probablemente, una de las mayores dificultades que la nueva junta de supervisión de Facebook deberá abordar. No solo influirá la amplitud de países y culturas a considerar a la hora de regular contenidos. También tendrá injerencia la diversidad que existirá dentro de este selecto grupo. Entonces, ¿qué principios regirán a la hora de tomar una decisión en torno a un contenido?

Facebook arroja cierta luz al respecto alegando que los miembros siempre deberán tomar decisiones dependiendo del contexto. Es decir que tendrán en especial consideración las particularidades culturales y las sensibilidades regionales de donde se haya originado el contenido. No es lo mismo mostrar una parte del cuerpo desnudo en una cultura conservadora, que hacerlo en una más liberal.

El ejemplo quizá sea muy básico, pero sirve para ilustrar la diferencia de criterios según cada coyuntura. Temas mucho más delicados requerirán medidas y criterios especiales que todos los integrantes deberán debatir internamente llegado el momento. 

Si bien es correcto ajustarse a los patrones de cada cultura, el límite yace en el derecho a la libre expresión. Un derecho que siempre podrá ejercerse en la medida que no atente contra la dignidad de otras personas. Sea lo que sea lo que eso signifique.

Las bases del cambio

No será sencillo llevar a cabo un cambio tan drástico en la dinámica de la industria tecnológica; sin embargo, Facebook sabe que tiene mucho más para ganar que para perder en esa apuesta, por eso la realiza. También tiene claro que cuenta con una espalda lo suficientemente ancha como para lidiar con las presiones y críticas que surgirán durante el proceso.

En la regulación de contenidos tiene un papel preponderante el derecho y los medios. Por eso Mark Zuckerberg apeló a personas que conocen bien el paño y le garantizan profesionalismo.

El líder de la red social por excelencia entendió el mensaje de la opinión pública y se hizo a un lado. Probablemente ambas partes sacarán provecho de esta relación, por más que al comienzo existan rispideces y diferencias de prioridades.

Distintos profesionales en tecnología y derecho ven esta alianza como una posibilidad de cambiar el paradigma. Es sabido que lo que haga la junta de supervisión será visto con lupa. En caso de funcionar, se cree que muchos otros líderes tecnológicos como Google, Twitter, YouTube y más, también adoptarán la medida.

Ese proceder crearía un nuevo modelo en el que las plataformas se autorregularían. Un deseo de control que ni los gobiernos han podido imponerle a esta clase de compañías.Por lo pronto, otorgar el beneficio de la duda parece ser lo más razonable. Corren tiempos de cambio para los gigantes tecnológicos y Facebook es el primero que se atreve a salir de la zona de confort.