¿Por qué Jack Dorsey podría ser removido como CEO de Twitter?

Jack Dorsey puede ser despedido como CEO de Twitter
Foto: Jack Dorsey puede dejar de ser CEO de Twitter en las próximas semanas (Drew Angerer – Getty Images

El magnate Paul Singer adquirió un gran porcentaje de las acciones de Twitter. Ahora presiona para que su CEO Jack Dorsey sea removido.

En los últimos tiempos, Twitter ha logrado ser noticia más por sus buenas acciones que por las malas. Entre las primeras, destaca por sobre el resto la reciente decisión de vetar todos los anuncios políticos pagos de su plataforma. El fin es evitar influir de cualquier modo en el electorado estadounidense; más aún pensando en las elecciones del 2020, que se celebrarán dentro de pocos meses.

La voz cantante en todo este asunto la llevó desde el comienzo Jack Dorsey, fundador y CEO de la compañía. La decisión, según aclararía luego, fue tomada “por un tema de principios, no de dinero”. Esa postura resultó particularmente altruista en su momento, porque significó renunciar a importantes ganancias y apostar por una democracia transparente. Una actitud que casi ninguno de sus pares de la industria tomó como ejemplo, lo que enalteció incluso más el gesto.

La calma antes de la tormenta

Sin embargo, todo es pasajero, incluidos los tiempos de bonanza y las buenas decisiones. Cuando algo puede salir mal, es esperable que en efecto suceda, como pondera la tercera ley de Murphy. Y, en efecto, es lo que hoy le está sucediendo al CEO de la red del pajarito.

Tras el veto de los anuncios políticos hubo un robustecimiento de las políticas de privacidad para proteger al usuario. Paso seguido, Twitter agudizó sus herramientas y algoritmos para luchas contra los deepfake, un problema patente del internet moderno. Hasta ahí, todo iba viento en popa, pero esa tendencia parece haber cambiado.

El problema que hoy aqueja a Dorsey se produjo a fines de febrero. Por entonces, Bloomberg informó que un conglomerado internacional había comprado la parte mayoritaria de las acciones de la compañía. La persona detrás de ello fue Paul Singer, un magnate republicano propietario y fundador de Elliott Management Corporation, una firma inversora estadounidense.

Hasta ahí todo era normal, porque ser inversor no necesariamente asegura tener real injerencia en las decisiones de una empresa. Para ello es necesario tener un porcentaje considerable de sus acciones. Una realidad obviamente prevista por Elliott Management, que según el informe “compró una tajada considerable” con ese mismo fin.

Consumada la adquisición, el conglomerado rápidamente notificó a los altos mandos de Twitter que planeaba realizar importantes cambios estructurales. El más destacado, y a pedido expreso de Singer, es remover a Jack Dorsey como CEO de la red social. Al parecer, al magnate no le agrada el modo en que el programador lidera su empresa y desea sustituirlo cuanto antes.

¿Quién es el temido Paul Singer?

Tanto Paul Singer como su conglomerado Elliott Management Corp. se han ganado la fama de inversores “temibles”. El magnate, conocido por ser sumamente activo, ha sido responsable de grandes cambios estructurales en varias de las compañías más grandes del mundo. De hecho, suele invertir en aquellas en las cuales detecta “debilidades”, para así corregirlas y volverlas mucho más rentables. Y el primer gran paso que casi siempre aplican para lograrlo suele ser despedir al CEO.

Paul Singer, el famoso magnate y temido inversionista
Paul Singer, uno de los inversionistas más temidos del mundo (Steven Marcus – Reuters)

Este agresivo inversor de Wall Street también llegó a ser popular en función de su compra de deuda a países. Su estrategia consiste en seguir de cerca a aquellos asfixiados económicamente y comprar deuda cuando es inferior a su valor nominal. Pasado el tiempo, reclama la totalidad de esa suma al precio estándar, lo que pone al país entre la espada y la pared: o paga o va a default.

Dicho accionar recibe el nombre de “fondos buitre” y es lo que este hombre hizo recientemente con Argentina. En 2016, y tras una serie de tácticas intimidatorias de parte del inversor,  el país sudamericano acordó pagarle de manera preferencial como él exigía. De ese modo, el gobierno del presidente Mauricio Macri desembolsó unos 475 mil millones de dólares; es decir, tres cuartas partes del total de la deuda.

¿Por qué apostar por un cambio tan radical?

No es la primera vez que Jack Dorsey es objeto de críticas por el modo en que dirige su compañía. Los expertos e inversores ven a este joven emprendedor como un CEO poco convencional. Por empezar, porque, además de Twitter, también lidera Square, la compañía de pagos digitales fundada en 2009. Un comportamiento inquieto que, al parecer, lo obliga a diversificarse y no le permite poner énfasis en nada concreto.

Dichos antecedentes se suman al reciente deseo del CEO de irse a trabajar a África durante seis meses o un año. Esas razones resultan suficientes para que se lo etiquete como peculiar e impredecible. Dos características que, acorde con la opinión pública, ninguna compañía debería permitirse cuando estamos hablando de su líder.

Tales antecedentes son especialmente considerados por sus detractores, quienes los utilizan para justificar su deseo de quitarlo de en medio. Como agregado, Singer pondera que lo más importante ahora mismo es explotar el máximo potencial de Twitter. Sobre todo en un año donde las elecciones estadounidense, los Juegos Olímpicos y el coronavirus pueden atraer más usuarios y anunciantes.

Como agregado, todos coinciden en que la plataforma se ha quedado rezagada en lo que respecta a innovación. Mientras Instagram, Snapchat y otros se esfuerzan a diario por desarrollar nuevas funciones para sus usuarios, Dorsey se ha enfocado en proporcionar un entorno seguro para sus usuario.

No obstante, la falta de progresos tecnológicos ha llevado a un descontento generalizado por parte de quienes invierten capital. Sobre todo porque creen que se está cediendo terreno valioso de modo innecesario. Mientras que en los últimos años Facebook presentó un crecimiento de mercado del 121%, Twitter bajó un 6.2%. La comparativa es lapidaria y todos los caminos conducen a Dorsey.

El error garrafal de Jack Dorsey

El principal error de Dorsey fue no haber votado por el control accionario de la compañía. Dicha decisión puede referirse a diferentes medidas: limitar el porcentaje que pueden adquirir los inversores; darle al CEO un control mayoritario de la compañía, entre otras. Una práctica que, en su momento, sí hicieron los dueños de Facebook y Snapchat.

Tomar o no esa decisión (que debe especificarse por la vía legal) es clave para proteger los intereses de una empresa. No hacerlo significa perder la hegemonía, dejando ingresar a la directiva a agentes externos que puedan tomar decisiones de peso.

Jack Dorsey está en la cuerda floja como CEO de Twitter
Dorsey, en la cuerda floja como CEO de Twitter tras la compra de los accionistas (Luis Magana – Associated Press)

Por lo general, las compañías cuentan con dos tipos de acciones fundamentales: las ordinarias y las preferentes. Las primeras se pueden comprar en bolsa y les otorgan influencia a quienes las adquieren. A tal punto sucede eso, que tienen voz y voto dentro de la junta directiva. Esa influencia será mayor o menor en función del porcentaje de acciones compradas.

Las segundas, que no cotizan en bolsa, se caracterizan solo por brindar un rédito económico predeterminado para su propietario. Diferentes de las ordinarias, las acciones preferentes no otorgan a su poseedor injerencia o derecho a voto en la junta. Solo invierten en la compañía y obtienen un rédito económico si a esta le va bien en el mercado.

Contar con ambas clases de acciones es recomendable, porque, hasta cierto punto, fragmentan el mapa de inversores. ¿Qué quiere decir esto? Que si alguien compra una parte mayoritaria de mis acciones que cotizan en bolsa, siempre existirá un remanente por fuera que evitará la monopolización. La atomización accionaria es fundamental para evitar lo que, a fin de cuentas, le sucedió a Dorsey con Twitter.

Las sospechas por la compra de Twitter

Singer también se dice republicano y es uno de los máximos donantes del partido. En lo previo, se autodefine como un “anti Trump”. No obstante, trascendió que en 2017 se reunió con el presidente en la Casa Blanca y resolvieron sus diferencias. Un dato no menor, que levanta sospechas en torno a su compra de Twitter.

Eso sucede porque la red social ha vetado recientemente los anuncios políticos pagos para no influir en la campaña presidencial. Una iniciativa con la que el dueño de EMC habría manifestado su descontento y el deseo de anularla. Quienes conocen a Singer aseguran que, tanto en los negocios como en la política, es capaz de hacer lo que sea necesario para ganar.

A su vez, resulta curioso que sea justo ahora que este hombre de negocios decide comprar parte de la red social. Twitter no está pasando precisamente por un mal momento. El crecimiento de usuarios vuelve a aumentar y el desarrollo del producto comienza a acelerarse. Dos argumentos que han realzado a la plataforma, haciéndola sumamente rentable.

Es verdad que la red social de Jack Dorsey podría ser mucho más grande y exitosa de lo que es. Lo cierto es que justo ahora, cuando parece haber encontrado el camino del éxito, aparece Singer para cambiar las reglas. Aprovechar el buen momento de una compañía para invertir en ella es entendible, aunque no deja de ser extraño viniendo de quien viene. Sobre todo porque el modus operandi habitual de este magnate consiste en aprovechar situaciones vulnerables para sacar rédito de ellas.

¿Cómo ha reaccionado la industria?

Al comienzo, la posible destitución de Dorsey eran meras especulaciones. A las pocas horas, se transformó en un secreto a voces. Pero fue la reunión entre directivos de Twitter y representantes de EMC lo que disparó las alarmas. En esa instancia, los agentes de Elliott aseguraron que llevarán a la próxima junta anual entre tres y cuatro representantes para que la decisión tenga mayoría.

Si bien su futuro estaba en juego, Jack Dorsey no acudió a la reunión. De hecho, no es la primera vez que el fundador de la red del pajarito se desentiende de sus responsabilidades. En el pasado fue obligado a abandonar su puesto porque pasaba haciendo yoga y asistiendo a clases de diseño de modas. Sin duda, un CEO excéntrico y muy poco convencional.

Apenas conocida la noticia, diferentes empleados y aliados de Dorsey salieron en su defensa. A tal punto sucedió eso, que varios trabajadores de la red social popularizaron el hashtag #WeBackJack (Nosotros apoyamos a Jack). Por su parte, Elon Musk, CEO de Tesla, también le transmitió su apoyo escribiendo el siguiente tweet:

La opinión de Musk es compartida por la periodista tecnológica del New York Times Kara Swisher. En un reciente artículo analizando la situación, sostuvo que Dorsey “es uno de los empresarios más reflexivos, receptivos y sinceros de Silicon Valley”. A pesar de ello, destaca que la situación no parece favorable y es, en gran parte, culpa del modelo inversor al que apuestan las compañías de esta clase.

Qué esperar de este conflicto

El propio emprendedor salió a pronunciarse en el correr de la semana. Por empezar, advirtió que está analizando seriamente la posibilidad de viajar a África. Si bien aseguró que la revisión de la decisión pasa por la propagación del coronavirus, el trasfondo dice que la situación con EMC resultó fundamental. En efecto, su viaje es uno de los dos principales argumentos que el conglomerado maneja para destituirlo.

Dorsey se prepara para lo que pueden ser sus últimos días al frente de Twitter (Jack Gruber – USA Today)

Lo cierto es que la situación no se resolverá hasta dentro de algunas semanas, cuando se celebre la junta directiva anual. Mientras tanto, Jack Dorsey deberá esperar para saber si será capaz de sortear al inescrupuloso y temible inversor Paul Singer.

Corren vientos de cambio en Twitter y nadie parece ser capaz de evitarlo.