The Great Hack: cuando los datos privados son motor de la industria

David Carroll, protagonista del documental The Great Hack
David Carroll, protagonista del documental The Great Hack (Foto: captura)

The Great Hack, el nuevo documental de Netflix, recopila el escándalo de Cambridge Analytica y hace hincapié en la vulnerabilidad de los datos privados.

Imagínate que vives en un mundo donde eres monitorizado cada día, hora, minuto y segundo. Que todo estímulo que experimentas u oferta que recibes fueron colocados ahí adrede, porque el fin es moldear tu comportamiento. Y para colmo, esa estrategia fue ideada con base en información personal que tú mismo facilitaste a esos agentes.

Cualquiera pensaría que se trata del argumento de una película o libro de ciencia ficción que valdría la pena disfrutar. Sin embargo, terminaría aterrado al comprobar que se refiere a la realidad que vivimos a diario. Esa misma donde nuestra hiperconectividad y apego a las nuevas tecnologías nos define, tanto para bien como para mal.

Grosso modo, ese es el argumento de The Great Hack (Nada es Privado o El Gran Hackeo en español), el nuevo documental de Netflix sobre la seguridad de los datos. Una pieza audiovisual de hora y 54 minutos, que da vida a nuestros mayores temores como sociedad moderna. Y pone el escándalo de Cambridge Analytica como eje central para ilustrar el complejo problema en que estamos inmersos.

Para ello, sus directores Karim Amer y Jehane Noujaim centran el relato en torno a tres grandes protagonistas. Ellos son el profesor David Carroll, la periodista Carole Cadwalladr y Brittany Kaiser, ex empleada de Cambridge Analytica. Sin mencionar otras entrevistas con agentes de interés, profesionales que aportan al caso, material de archivo y mucha investigación periodística.

Una historia, tres experiencias

El comienzo del relato nos introduce la historia de David Carroll, profesor de la Parsons School of Design en Nueva York (Estados Unidos). Un profesional que exige a Cambridge Analytica saber qué datos personales suyos ha recopilado y cómo los utilizó. Como era de esperarse, el pedido es desestimado y acompañamos a Carroll a través de su desgastante cruzada en busca de la verdad.

Para ayudarlo emerge la figura de Carole Cadwalladr, periodista de investigación para The Guardian, que hace largo tiempo investiga a dicha empresa. Su aporte comienza a esclarecer el papel que Cambridge Analytica (perteneciente a SCL Group) ha tenido en el ámbito internacional. Donde sabemos que influyó para que Donald Trump fuera electo presidente de EEUU y los independentistas triunfaran en el Brexit.

Quien explica cómo se logró todo ello es Brittany Kaiser, ex empleada de la compañía. Una mujer que vivía plácidamente en “algún lugar de Tailandia” y regresó para presentar testimonio y ser informante del caso. Con ella descubrimos cómo operaba Cambridge Analytica, qué hacía concretamente y a quiénes salpicaba el escándalo.

The Great Hack
Brittany Kaiser, ex empleada de Cambridge Analytica que participa en The Great Hack (Foto: The Guardian)

Lo que hace acertadamente The Great Hack con estos personajes es presentarnos la historia en distintos niveles. Por un lado está Carroll, una persona común con quien nos identificamos, porque podría ser cualquiera de nosotros. Por otro, aparece Cadwalladr para contextualizar el impacto del hecho a nivel mundial y la escala que alcanzó. A la vez que Kaiser es la pieza que nos hace entender cómo todo ello fue posible a raíz de nuestro desconocimiento.

Los datos, el oro de la industria 

“Cuántos de ustedes vieron una publicidad que los hizo pensar que su celular los espiaba?”, pregunta Carroll a su clase. Para su sorpresa, las manos de todos los alumnos (y probablemente las de todos los espectadores también) se levantan. Atónito, el profesor aclara que esto no necesariamente es así. Sin embargo, la industria ha alcanzado una especificidad tal para targetizarnos, que predice nuestros comportamientos.

¿Cómo es posible lograr algo tan impresionante? Con “el oro” diario que le regalamos a los gigantes tecnológicos: nuestros datos privados. El internet almacena todos nuestros hobbies, miedos, intereses, interacciones, transacciones y más. Nosotros, a veces embelesados con los commodities que nos ofrecen, no lo cuestionamos y algunos pocos se aprovecha de ello.

Con esas premisas es que The Great Hack contextualiza el problema, potenciado por el desconocimiento que tenemos del asunto. Una ignorancia que el documental enfatiza y afirma que está colocada allí con intención. Porque cuanto menos sepamos de lo que sucede, más sencillo será para los agentes interesados obtener lo que buscan.

Cambridge Analytica, el villano de la película

La problemática la conocimos de primera mano en 2018, mediante la filtración del escándalo mundial que involucró a Cambridge Analytica. Por aquel entonces, la consultora política británica fue acusada de robar datos de millones de usuarios a nivel mundial. Esa información, a su vez, fue utilizada para crear estrategias personalizadas, influyendo en electorados como el estadounidense o el británico.

Si bien el problema adquirió pública notoriedad, esta no hubiese sido mayor de no ser por las consecuencias que acarreó. En primer lugar, porque la incidencia que tuvo la compañía ayudó a que Trump fuese elegido presidente de los EEUU; sin mencionar el triunfo del “sí” al independentismo en el Brexit. Dos acontecimientos que marcaron sustancialmente el ámbito político internacional.

¿Cómo fue eso posible? Mediante un test de personalidad que Christopher Wylie, científico de datos y ex empleado de la empresa, creó y vinculó con Facebook. La posterior y amplia difusión de esta prueba, logró alcanzar a más de 50 millones de estadounidenses. Los usuarios, que jamás sospecharon qué se escondía detrás, obviaron las políticas de privacidad y brindaron datos personales de todo tipo.

The Great Hack
Christophen Wylie, ex científico de datos en Cambridge Analytica (Foto: The New York Times)
Manipular la verdad como táctica

La información fue vertida durante largo tiempo y facilitó la creación de perfiles mucho más profundos y veraces. Lo que, al mismo tiempo, ayudó a crear estrategias de comunicación personalizadas para cada usuario. Es decir videos, blogs, fake news, anuncios y demás, dirigidos a quienes Cambridge Analytica deseaba, detalla el documental.

En esa línea, la estrategia no se centró en todos los usuarios en general, sino únicamente en aquellos identificados como “persuasibles”. Es decir, los que recibiendo los estímulos indicados en el momento apropiado, serían potencialmente más sugestionables.

Para ello, su foco estuvo en los estados indecisos fundamentales: Florida, Michigan, Wisconsin y Pennsylvania. A estos, a su vez, los subdividieron en “distritos” o zonas, las cuales contenían en promedio más de 22.000 votantes. Una vez identificados los indecisos, los bombardearon con contenidos de todo tipo para “activarlos”, con el fin de guiar su elección final.

The Great Hack
Los estados indecisos divididos por distritos (Foto: captura)

Aunque más grave fue corroborar más adelante, mediante Brittany Kaiser, que la estrategia implementada reproducía el accionar de tácticas militares. Mismas tácticas aplicadas en Medio Oriente para tratar y controlar públicos hostiles, evitando así comportamientos riesgosos como unirse a Al-Qaeda.

A su vez, ejecutar estas estrategias requerían previa aprobación del gobierno pertinente, cosa que Cambridge Analytica obvió. Por lo que faltó a la ley y además cometió un crimen de estado por el que jamás pagó.

Cuando el árbol tapa el bosque

Hacer una crítica de The Great Hack es una tarea compleja. Por empezar, el documental despierta temor e indignación por partes iguales. Lo terminas y el deseo de irte a vivir lejos de la civilización y la tecnología parece la mejor idea. A fin de cuentas, ¿quién no lo desearía? Al parecer somos constantemente monitoreados y para peor otros nos influencian para que hagamos lo que ellos desean.

No obstante, hace largo tiempo que el caso citado exigía una instancia interactiva donde se recopilara todo el material pertinente. Sin ahondar en detalles técnicos complejos, el documental sirve como espacio donde todos los puntos finalmente convergen. La información, hasta hoy difícil de digerir y ampliamente diseminada, por fin adquiere una uniformidad. En la medida que eso sucede, el usuario entiende las dimensiones del hecho retratado.

Nuestros datos, el objetivo de todas las amenazas circundantes (Foto: Feedspot)

Cuando comprendemos a qué nos enfrentamos, el terror por haber sido tan descuidados se dispara. Entonces las teorías conspiranóicas abundan y sospechar de todo quien nos pida información parece lo más sensato. Aunque en el fondo deberíamos comprender que la naturaleza del hecho varía dependiendo del fin que se persigue.

Por un lado nos horrorizamos con que nuestra información sea robada y manipulada; pero a la vez nos gusta ver anuncios y ofertas súper específicos, resultantes de una estrategia de segmentación eficiente. La materia prima para implementarlo es la misma: los datos privados que les brindamos a completos desconocidos. Rostros anónimos en los que confiamos solo por el logo de marca que tienen por delante.

Lo que The Great Hack se esfuerza por aclarar, es que el fenómeno que trata sucede todos los días; sucede en todos los ámbitos; sucede a toda hora y en todo lugar del internet. Pero el único momento en que nos indigna, es si vemos las consecuencias en el mundo offline. La realidad es que cuando por fin nos enteramos de los hechos, las cosas ya sucedieron. A la vez que, por lo general, solo llegamos a conocer la punta del iceberg.

¿La democracia está en riesgo?

La persuasión consiste en convencer a alguien de hacer lo que yo deseo. Es, sin ir más lejos, parte del ABC de la publicidad como profesión. Aunque como en todo ámbito, deben existir normas éticas a las que atenerse. De lo contrario, ya no hablamos de persuadir, sino de imponer, sugestionar u obligar. Lo que delata que los modos de alcanzar un fin dicen mucho de quien los implementa.

Durante The Great Hack este asunto es brevemente debatido entre Brittany Kaiser y el tecnólogo político Paul Hilder. En la charla, él le pregunta a Kaiser si cree que los usuarios persuasibles eran libres de decidir por quién votar. A lo que ella contesta que sí, porque nadie los obligó a votar por Trump. Una realidad irrebatible, porque la decisión final recae en cada uno. Además de que ir a votar no es siquiera obligatorio en Estados Unidos.

A su vez, también podría tener razón quien defendiera la versión contraria de que la decisión fue condicionada. El espíritu crítico nos invita a razonar que un hecho puede tener varias versiones. La realidad y la verdad, a fin de cuentas, son criterios hasta cierto punto subjetivos. A veces dos versiones diferentes de una misma historia son igualmente verdaderas.

Lo cierto es que millones de personas fueron sometidas a contenidos tendenciosos durante las elecciones presidenciales estadounidenses. Mismos contenidos que alimentaban el miedo y el odio, dos emociones viscerales que anulan la incidencia de la razón. Un proceder éticamente condenable por la publicidad, porque en ese caso ya no se está convenciendo, sino sugestionando.

Cuando la libertad de decisión es coartada, no podemos hablar de un proceso democrático legítimo. Acribillar al electorado con contenidos falsos o dirigidos, que obedecen a una estrategia personalizada en función de datos psicográficos recolectados, no es persuadir. Es aprovecharse de sus debilidades y temores más profundos para imponerles un modo de pensar.

Conceptos sencillos, realidades complejas

Como dijimos con anterioridad, The Great Hack cuenta el escándalo de Cambridge Analytica de modo que todos puedan comprenderlo. Una táctica que democratiza el conocimiento, pero lo simplifica en demasía. Lo cierto es que deja patente una idea central: nada es blanco o negro. A veces las realidades son puros matices de grises muy complejos de diferenciar.

En esa línea, catalogar a Steve Bannon y Robert Mercer, fundadores de Cambridge Analytica, como antagonistas del relato es ser ingenuos. Creer que el CEO Alexander Nix es el enemigo, solo alimenta la necesidad de señalar un culpable. Es cierto que la firma británica actuó erróneamente, pero también lo hizo Facebook al deslindarse de responsabilidades; y también lo hace toda la industria tecnológica al mirar hacia otro lado y no darse por aludida.

Actualmente, las ventajas competitivas y el poder de decisión recae sobre unos pocos actores influyentes. El mercado es liderado por algunos gigantes tales como Google, Facebook y Amazon que dictan las reglas del juego a placer. En esta ocasión fue Cambridge Analytica la que pagó por los platos rotos. Pero The Great Hack nos hace entender que este uso desleal de los datos trasciende al chivo expiatorio de turno.

“Un hecho como este era inevitable”, se detalla a cierta altura del documental. En esa instancia, se sostiene que si no hubiera sido la empresa de Bannon y Mercer, hubiera existido otra. De hecho, hoy deben existir muchas otras que operan así, pero se mantienen en el anonimato o con bajo perfil.

El problema, entonces, no pasa por el actor de turno que utiliza la coyuntura favorable para sacar provecho. Sino por la escasa regulación de la industria, donde los involucrados obran de modos cuestionables sin temer a posibles represalias. El poder que ostentan es el mismo que les asegura impunidad.

El futuro, una incertidumbre

Hacer lecturas apocalípticas del caso Cambridge Analytica es un poco dramático. El hecho fue grave, eso nadie lo discute. Aunque a lo largo de la historia de la humanidad, han existido innumerables momentos que marcaron un quiebre. Por poner algunos ejemplos cercanos (y tecnológicos), tenemos el cine, el automóvil, la TV e incluso la computadora.

Todos ellos comparten el haber sido disruptivos para el tiempo en que fueron implementados. En sus comienzos, se vaticinó lo peor a partir de su utilización, pero la humanidad finalmente los integró. Eso mismo sucede con el nuevo mundo que se está abriendo paso a través de internet. Es sabio ser escépticos y tomar recaudos, pero tampoco asumir que no tenemos injerencia en torno a lo que nos rodea.

Una de las críticas más difundidas que ha sufrido The Great Hack pasa porque no aporta nada nuevo a la causa. Vemos una realidad en plena ebullición, donde no hay controles sólidos y las filtraciones de datos se suceden. A pesar de ello, debemos entender que el marco regulatorio, que brilla por su ausencia, se está trazando sobre la marcha. Por lo tanto, incurriremos en numerosos errores antes de dar en la tecla.

Por ende, es más que entendible que el documental deje abierta la puerta a la incertidumbre. El precio de ser contemporáneo al hecho que cuenta, es que no puede existir un cierre como tal. Hoy todo el marco legal para amparar la protección de los datos se está redactando, por lo que las medias tintas son moneda corriente.

El valor de los datos y su protección

“Hoy nuestros datos valen más que el petróleo”, asegura Brittany Kaiser en The Great Hack. La cuestión es que seguimos sin entender su verdadero valor. Por empezar, porque son el motor que sustenta la industrias mundial en la que estamos inmersos. Sin esa información, los agentes en lo previo colosalmente poderosos no tendrían combustible para hacer andar la maquinaria.

Por lo tanto, debemos entender desde ahora que nuestros datos no se regalan. Por el contrario, tienen un valor a respetar. Nosotros como individuos merecemos ser dueños absolutos de toda nuestra información presente en la web. Por lo que tendrían que ser las compañías las que ofrecieran algo a cambio de aquello que nos define. A diferencia de lo que sucede hoy, donde somos nosotros quienes les pedimos saber qué información nuestra tienen guardada.

La protección de los datos es el futuro (Foto: Shutterstock)

Con esas premisas de por medio, también es necesario idear un marco regulatorio justo y transparente. Es decir, una serie de medidas que nos aseguren el tratamiento adecuado de nuestra información, evitando usarla en nuestra contra. A su vez, merecemos saber cómo obtuvieron la data y con qué fines es manipulada.

Todo ello con el objetivo de fomentar una política de datos idónea a nuestros intereses. Lo que, a su vez, nos evitará tener que leer las políticas de privacidad de cada aplicación existente. Entonces será más fácil confiar, porque sabremos que todos los agentes con los que nos relacionemos estarán verificados por la ley. Para evitar la perversión del sistema, no obstante, sería necesario realizar auditorías cada cierto período de tiempo. El fin de esto consistiría en corroborar periódicamente que todo estuviera en regla.

¿El futuro es prometedor?

La carta blanca con que contaban los poderosos e influyentes ha comenzado a perder valía. Hoy las regulaciones y reglamentaciones para la protección de los datos comienzan a ser una realidad. Por empezar, el Derecho como disciplina se actualiza diariamente para ajustarse a las exigencias del nuevo mundo. No por nada la carrera de Derecho Informático es cada vez más popular entre los profesionales de dicha orientación.

Por otro lado, desde 2018 rige en la Unión Europea la reglamentación GDPR (General Data Protection Regulation). En ella se especifica que todas las páginas, marcas, compañías, etc. que recopilen información, deberán notificar a los usuarios qué datos suyos poseen. De desearlo, la persona podrá pedir que la data sea parcial o completamente eliminada y la otra parte deberá cumplirlo.

Casi al mismo tiempo, el estado de California (EEUU) creó la California Consumer Privacy Act (CCPA); una nueva ley que mejora sustancialmente el derecho a la privacidad del usuario y fomenta la protección íntegra del consumidor. Por ahora, esta normativa regirá únicamente en el mencionado estado. Territorio donde se concentran todos los gigantes tecnológicos de la industria, presentes en Silicon Valley. La reglamentación, vale aclarar, entrará en vigor a partir del 2020.

Para cerrar, hace días Facebook fue condenado a pagar una multa de 5000 millones de dólares por no haber prevenido las filtraciones masivas. Desde entonces, la red social ha procurado brindar un entorno seguro y confiable para los usuarios y sus datos. Lo cual incluye controles sistemáticos a aplicaciones ajenas a la plataforma; constantes procesos de verificación y autenticidad de noticias para evitar las fake news; erradicación de los mensajes de odio y discriminación; entre varias iniciativas más.


El mundo ha comenzado a moverse en procura del cambio que la coyuntura pide y por el que The Great Hack aboga. De ahora en más, dependerá de nosotros luchar porque el mundo que viene sea tan confiable y transparente como deseamos.