FaceApp: cómo funciona la app del momento y qué riesgos esconde

FaceApp
Foto: Prensa Libre

La aplicación rusa FaceApp atraviesa sus mejores días gracias a sus nuevos filtros. Sin embargo, acarrea ciertos riesgos que no todos tienen en cuenta.

Como si de un deja vu se tratara, FaceApp, la aplicación que transforma rostros mediante filtros, vuelve a la fama. Si bien su origen se remonta al 2017, fue en ese tiempo cuando perdió credibilidad debido a acusaciones racistas.

“Hot” (sensual), uno de sus filtros insignia por entonces, aclaraba la piel de los usuarios afrodescendientes. Una condición que hubiera pasado desapercibida si no fuera porque el filtro pretendía “embellecer a las personas” que lo usaban. La dinámica, obviamente, fue acusada de racista y de reforzar estereotipos.

Foto: Drake (Bored Panda)

Ante la polémica creada, Wireless Lab, empresa rusa desarrolladora de la aplicación, tuvo que salir a dar explicaciones. “Fue culpa de un efecto secundario en la red neuronal subyacente”, destacó en ese momento Yaroslav Goncharov, presidente de la compañía. Una explicación que hacía referencia “al conjunto de algoritmos de inteligencia artificial utilizados para modificar un rostro en una foto y que a la vez se mantenga realista”.

No obstante, aconteció lo mismo con otro filtro similar casi en paralelo. En dicho caso, la persona podía cambiar sus rasgos para parecer afrodescendiente, indio, asiático o caucásico. Obviamente los reproches no tardaron en llegar y el filtro fue borrado al día siguiente de su lanzamiento.

Un regreso inesperado

Durante dos años, FaceApp permaneció en silencio debido a los problemas anteriormente mencionados. Durante ese tiempo, los desarrolladores procuraron potenciar su producto, mejorando significativamente el filtro “edad”, conocido por avejentar rostros.

El paso siguiente fue proponer el desafío de probarlo para corroborar su realismo. La dinámica se viralizó rápidamente en las redes sociales, invitando a todos a publicar sus versiones de ancianos junto con el hashtag #FaceAppChallenge.

Foto: Robert Downey Jr. (Bored Panda)

El efecto fue inmediato y el desafío se volvió trending en Facebook, Instagram y Twitter. Tanto así, que hasta los famosos de todo tipo entre deportistas, actores, músicos, políticos y más también participaron.

¿Cómo funciona FaceApp?

El fin de la aplicación de Wireless Lab es, al menos en lo previo, el mero entretenimiento de los usuarios. El producto está disponible gratuitamente tanto para Android como iOS, por lo que cualquiera puede descargarla si lo desea. Hoy ya más de 1.7 millones de personas las que la han descargado entre App Store y Play Store.

“¡Consigue selfies con calidad de portada de revista con un par de toques!”, reza la descripción en Google Play Store. A la vez que la versión gratuita ofrece cuatro filtros: edad, cambio de sexo, sonrisa y versión joven.

Foto: Jon Snow (Bored Panda)

La manera en que funciona la herramienta es sencilla. Te tomas una selfie con la cámara de la app o seleccionas alguna foto de la galería de imágenes de tu celular. Paso seguido, el algoritmo se encarga de analizar tus rasgos pixel por pixel para corroborar que sea un rostro.

A continuación, genera una máscara tridimensional formada por polígonos que ayudan a mapear tu cara. Realizado esto, entra en juego la inteligencia artificial para trazar los rasgos y manipularlos según las especificaciones predeterminadas por los algoritmos. Una lógica que arroja como resultado final tu versión avejentada.

Foto: Meghan Markle (Hello Magazine)

“Nuestro gran diferencial radica en el fotorrealismo que proponemos”, destacó Goncharov en entrevista con TechCrunch. A la vez que aclaró: “La fotografía sigue siendo la que compartiste, solo que con la aplicación de un filtro. Otras aplicaciones, por el contrario, modifican las imágenes intencionadamente para que se vean más atractivas. En estos casos dejan de ser realistas”.

Los riesgos de la incertidumbre

El funcionamiento de FaceApp, no obstante, ha despertado un sinfín de sospechas. Principalmente porque no queda del todo claro qué hacen con la información que obtienen.

Si los términos de uso son aceptados, estos detallan que la aplicación tiene el aval para recopilar contenidos del usuario; aunque únicamente aquel publicado a través del servicio dispensado. Lo que también incluye un “monitoreo de actividad” de la persona: sitios web que visita, geolocalización y metadatos en general.

FaceApp subraya que no venderá información privada a terceros ajenos a ella. Una política lógica para ganarse la confianza de los internautas. Aunque, en contrapartida, avisan que los datos podrán ser compartidos con empresas que formen parte del mismo grupo al que pertenecen. La cuestión es que jamás aclara cuáles son estas compañías, ni qué tipo de información se les proporcionará.

Foto: Lionel Messi (Extra)

Incluso existe una sección en que se detalla que la transferencia de información sí podrá realizarse, siempre y cuando sea en jurisdicciones donde las leyes de protección de datos difieren con las del país del usuario. Una condición que desestima la reglamentación GDPR para la protección y privacidad de la información, aprobada en 2018 por la Unión Europea.

Si la app deja de existir o quiebra, no sabemos qué sucede con la información que poseen. Pero hay algo aún más preocupante: en caso de ser comprada, esa información pasará a ser propiedad del nuevo dueño. Por lo tanto, el trato que se tiene con la data dista mucho de lo deseado.

Algo no cuadra…

Son numerosos los expertos en seguridad informática que piden “tener extremo cuidado con este tipo de aplicaciones”. Aquellas que suelen prometer diversión gratuita a cambio de algo tan importante como nuestros datos biométricos. Quizá el bien más preciado con el que contamos como internautas y cuya importancia no terminamos de comprender.

Por su parte, Goncharov (ex jefe en Yandex, el Google ruso) destaca que FaceApp “solo utiliza las fotografías que el usuario desea editar”. Lo cierto es que a la hora de seleccionar una imagen, la aplicación pide acceso a la galería de de nuestros celulares. Es decir que tiene vía libre a una cantidad de datos mayores a los que realmente necesitaría en primer lugar.

Lady Gaga en FaceApp
Foto: Lady Gaga (Bored Panda)

A su vez, tampoco podemos olvidar que cualquiera puede utilizar la foto de otra persona para probar los filtros. Es decir que si quisiéramos probar con la de un amigo, familiar, etc., no habrían impedimentos. Por lo que los datos de alguien ajeno a la aplicación quedan almacenados en sus servidores de todos modos. Una práctica que sin dudas socava el derecho a la privacidad por el que tantos reglamentos abogan.

El poder del saber

El fenómeno FaceApp no es nuevo ni mucho menos. Es una problemática ampliamente difundida en el internet moderno: confiar ciegamente en busca de entretenimiento. Aunque eso conlleve un desconocimiento total de quienes nos lo brindan.

Las tiendas online de aplicaciones se llenan a diario de nuevas y seductoras alternativas. Todos quieren ser parte de las modas, de los trending topic o utilizar el último filtro revolucionario. Aunque olvidan que la moneda de cambio suele ser algo tan sensible como nuestros datos personales.

En el ámbito digital estamos rodeados por políticas de privacidad y términos de usabilidad. Es normal que nos hastiemos y las terminemos obviando. Es imposible detenernos a leer todos y cada uno de los acuerdos que las marcas, aplicaciones, redes sociales y sitios web nos invitan a leer.

Elon Musk en FaceApp
Foto: Elon Musk (Interesting Engeneering)

Si bien esto es habitual, tomar esa actitud es riesgosa y debemos estar listos para sus posibles consecuencias. La cuestión no pasa por no compartir nuestra información en absoluto. Acorde con la dinámica de consumo moderno eso no es viable. Pero sí tener claro con quiénes compartir datos o no.

Dentro de un mar de políticas poco transparentes y contradictorias, existen regulaciones que nos amparan. Por lo tanto, todos aquellos agentes que las cumplan son, cuanto menos, confiables. Si hoy todos nos piden lo mismo, debemos creer en aquellos que brinden garantías. Saber cuáles son exactamente dependerá de cada quién.

Manejar información es sinónimo de poder y nosotros solemos subestimar el poder con el que contamos. Incluso al punto de regalarla sin tener noción de a quién tenemos en frente o para qué puede ser utilizada a futuro. Por eso la próxima vez que tengas que compartir tus datos personales, asegúrate que puedes confiar en la contraparte.